Bruma espesa
Pasa el silencio sepulcral de la noche, al canto tenue de las aves al amanecer.
Perdí la cuenta de los minutos despierta después de las 5 horas de insomnio.
Cada palabra, cada paso, cada pausa es repasada por mi mente buscando sentido, pidiendo una tregua para descansar.
La incomodidad de un cuerpo adolorido, la humedad de una almohada que dejó de ser consejera; la ironía de una cama sin descanso.
Pienso, pienso, pienso.
Hallar las palabras adecuadas, empáticas, sinceras y mías.
De repente, se siente demasiado. La bruma espesa regresa a este mar de ansiedad.
Fijo la mirada al techo, con mi ser culpable, maligno, impuro.
No hay respuesta, no hay milagros, no hay apariciones ni abducción.
Inmóvil, como un luto a lo que fui. Con las sienes bañadas de recuerdos.
El malestar se cuela entre las sábanas frías.
El miedo entierra sus garras a través de la piel.
La incertidumbre me cuenta al oído lo que no soy, lo que no tengo.
No hay a dónde ir.

